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Y el pueblo habló

Y se cumplieron los pronósticos. Las mayorías absolutas desaparecieron.

Antonio Adán: “Ahora quiero disfrutar del Betis en Primera División”

Desde Undécima Parada conversamos con Adán, portero del Betis para repasar su trayectoria y conocerle un poco mejor.

También hubo giro a la izquierda en TV: laSexta, líder de la noche electoral

El pasado domingo el pueblo habló, pero no solo lo hizo en las urnas.

Concha Chamorro: “Sin periodismo no hay democracia”

Chamorro es una mujer luchadora y muy abierta. Desde el primer momento que la vi entrar por la puerta de la cafetería donde quedamos, noté su fuerza y su gran energía.

La moda, una enfermedad contagiosa

Actualmente el mundo de la moda está generando muchas controversias. No solo influye en la manera de vestir, para muchos se convierte en un estilo de vida.

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martes, 19 de mayo de 2015

¿Qué pasa en Nepal?

Son muchas las noticias que han llegado a nosotros desde que la catástrofe nepalí ocurriera. Pero tras tanto bombardeo informativo… ¿con qué nos quedamos?


Bajo la corteza terrestre existen multitud de capas que se mueven constantemente debido a las corrientes que encierra el planeta en su interior. Estas corrientes se calientan y enfrían, lo que provoca que las placas se hundan o salgan a la superficie. Al hundirse una placa sobre otra se produce un rozamiento casi constante. Es decir, las placas están en continuo movimiento, se empujan unas contra otras y con ello el equilibrio, de alguna manera, se mantiene. Pero a veces ocurre que esos movimientos progresivos e inapreciables se vuelven más fuertes y la corteza terrestre lo nota. Es así como llega el terremoto.

La deformación de la corteza terrestre a causa del movimiento de placas, en este caso de las placas Euroasiática e Índica, ha dado lugar a la deformación del Himalaya y al levantamiento de la meseta del Tíbet. Esta deformación de la corteza produce innumerables pliegues y fallas. El hipocentro del terremoto es el punto concreto de la falla donde se inicia el movimiento repentino de ésta, lo que se conoce como ruptura de falla.


Si alguien tiene que rendir cuentas de los terremotos que han asolado Nepal en el último mes, esas son las placas Índica y Euroasiática. La placa Índica se movió, deslizándose por debajo de la placa Euroasiática. La colisión elevó el Himalaya y provocó los terremotos.

El primer terremoto en Nepal en este 2015 sucedió el 25 de abril. El 12 de mayo tuvo lugar otro de escala similar. Muchos medios hablaban de réplicas ante este último seísmo pero la realidad es que se trata de un terremoto al uso, pues la magnitud fue casi tan alta como la del primero.

El seísmo se ha producido en una de las zonas con más movimiento tectónico de la tierra. Y a escasa profundidad terrestre. Donde, también, las infraestructuras son más débiles. Un conjunto de factores que han originado esta catástrofe natural en la que volver a la normalidad se traduce como una de las tareas más complicadas.


Alba Campo

martes, 28 de abril de 2015

Kasparov contra... ¿la máquina?



Hay que remontarse a mediados de los años 90 para conocer la famosa batalla entre el ser humano y la ciencia o, lo que es lo mismo, Gary Kasparov contra Deep Blue.

El primer desafío tuvo lugar en Filadelfia en febrero de 1996. El considerado por muchos el mejor jugador de la historia se impuso al ordenador creado por IBM por un resultado de 4-2. 

Nada parece extraño pero, durante una de las partidas, el procesador realizó un movimiento a primera vista sin sentido cuando podría haber buscado el jaque al rey. A pesar de ganar la partida, este movimiento hizo pasar muchos días sin dormir a Kasparov. Curiosamente, a partir de ese día no volvió a ganarle a la máquina.

Uno de los jefes del grupo de ingenieros de Deep Blue especuló con la posibilidad de que ese movimiento fuera simplemente un fallo del programa. Más adelante se demostró que no, que se trataba de una estrategia del procesador que buscaba más el medio plazo que el movimiento próximo.

En 1997 se produjo el segundo encuentro en la batalla. IBM invirtió mucho dinero y la máquina, mejorada por los ingenieros de la compañía, se impuso esta vez al maestro ruso.  

En el libro The signal and the noise, Nate Silver se plantea muchas cuestiones sobre aquellas partidas. La primera de ellas analiza si un ordenador podría calcular todas las probabilidades más rápido que un humano y ganarle. 

La respuesta es sí, además mucho mejor que un cerebro humano, por muy extraordinario que sea. Calcular las probabilidades de las jugadas es posible al inicio de los movimientos pero rápidamente el ordenador tiene ventaja porque puede calcular lo más próximo al infinito en un tiempo que sería imposible para un cerebro humano. 

La segunda pregunta habla acerca de qué es lo que permite a un humano ganar a la máquina. La respuesta es sencilla, a pesar de ser muy efectivos en la táctica, la carencia de los programas informáticos aplicados al ajedrez es que eran incapaces de pensar estratégicamente. 

Kasparov había entrenado muchas veces con ordenadores a lo largo de su carrera, y sabía cómo jugaban. Por eso ganó el desafío de 1996 y la primera partida de 1997. Pero sucedió el movimiento comentado anteriormente.

Kasparov dio vueltas día tras día y descubrió que, de haber seguido su curso, la jugada hubiera llevado a la posibilidad de un jaque mate para Kasparov en los veinte movimientos posteriores. Aunque no tenía la certeza de la estrategia de  Deep Blue, esto fue un punto de inflexión para su mentalidad ya que se sintió por primera vez vulnerable. 

A partir de ese momento, el maestro empezó a cuestionar que hubiera habido intervención humana en Deep Blue a lo largo del segundo enfrentamiento. El equipo de IBM rápidamente negó esta acusación por parte de Kasparov.

Murray Campbell fue uno de los ingenieros de Deep Blue desde sus orígenes cuando se llamaba Deep Thought. Explicó que, al principio, el programa se ejecutaba con simulaciones y cuando encontraba una jugada que llevaba a la derrota se analizaba, se revisaba y se eliminaba. El programa se iba puliendo de esta manera pero llegó un punto en que la máquina superó a sus creadores. 

Deep Blue fue desintegrado al poco tiempo de terminar las partidas de 1997. IBM no quiso mostrar nunca, a pesar de las peticiones de Kasparov, el sistema interno de la máquina.
En definitiva, aquella competición quizás nunca fuera hombre contra máquina, ni el triunfo pertenezca en su totalidad a Deep Blue.  

Adrián Giraldo

martes, 7 de abril de 2015

El área de oncología en el Hospital Clínico de Valladolid

De izquierda a derecha: Eiros Bouzas, Javier Arroyo y Javier Guisasola
El cáncer infantil sigue siendo uno de los males a los que la sociedad y la medicina tienen que enfrentarse. Cada año se diagnostican en España alrededor de 1.100 casos. Durante las últimas tres décadas, aunque continúa considerándose una amenaza para la vida, se han producido grandes avances que han supuesto un incremento considerable en la tasa de supervivencia de niños que padecen cáncer. Un aumento de la esperanza de la vida que se debe, en gran medida, al uso de tratamientos más agresivos, que vienen acompañados de graves consecuencias físicas, psicológicas, pero también sociales. 


Esta realidad se ve agravada por el hecho de que los casos de cáncer en estas edades suponen, en la mayoría de los casos, largos periodos de ingreso y aislamiento en el hospital, creando secuelas traumáticas, a veces irreversibles. Los niños pierden el contacto con su medio habitual, con su familia, con sus amigos. 

Desde la Asociación Española Contra el Cáncer se busca que la vida de estos niños sea lo más normal posible. Por lo que, desde hace años, está en marcha el Programa de atención integral al niño con cáncer, una iniciativa que conoce bien Javier Arroyo, Presidente de la AECC de Valladolid que afirma que “la mortalidad en cáncer infantil ha disminuido en un 50%. En el Hospital Clínico de Valladolid se dedica una línea específica para tratar este tipo de cáncer porque el tratamiento de un niño con cáncer necesita cosas que van más allá de la medicina, necesita un espacio adecuado donde poder estar mientras está ingresado”.

El pasado mes de diciembre el Auditorio de Íscar acogió el Festival Solidario Dejad que los niños se acerquen al rock. El evento que contó con la participación del grupo vallisoletano Happening, logró ocupar todas las plazas del auditorio y recaudó más de 5.000 euros. Dinero que ha permitido dotar a cada habitación de la planta de oncología pediátrica del Hospital Clínico de televisiones, juegos, así como una báscula y un tensiómetro para evitar el desplazamiento de material de un lugar a otro. Marisa Martín es una de las propulsoras de esta iniciativa. Todo parece poco para ayudar a su hija, a la que diagnosticaron leucemia hace dos años. Como ella dice, “durante el primer año de tratamiento, son muchas las horas que pasamos en el hospital. Ahí nos dimos cuenta de la necesidad de mejorar las instalaciones. El material estaba algo deteriorado por su uso, por eso quisimos poner en marcha una iniciativa para recaudar fondos y así poder disfrutar esta planta, para que en el futuro puedan disfrutarlo los niños que tengan que pasar por ella”





La medicina avanza y la esperanza de vida para los niños con cáncer es cada vez mayor. Los hospitales buscan renovarse e incluir nuevas instalaciones que permitan una mejor asistencia y un tratamiento cercano con los pacientes. El Hospital Clínico de Valladolid no quiere quedarse atrás. Su gerente Eiros Bouzas nos explica cómo están trabajando para mejorar tanto la asistencia como la calidad de vida de los pacientes. Cuando llegó a este hospital en los años 80, se morían prácticamente el 100% de niños con cáncer. Actualmente se cura el 80% de niños con leucemia. Su principal preocupación es que los niños que están a punto de recuperarse se integren lo más rápido posible en su vida familiar, escolar y social. La idea es que para el niño no sea un punto y aparte en su vida, sino que pueda desarrollarse en un entorno lo más normal posible. Algo que resulta fundamental para su futura reinserción en la sociedad”. 

La lucha contra el cáncer infantil es, cada vez más, una realidad más controlada. Todos los profesionales que trabajan en oncología saben lo que es tratar a personas con cáncer, pero resulta diferente cuando se trata de niños. Con iniciativas como ésta, un hospital puede convertirse en lo más parecido a un hogar, donde los niños puedan seguir siendo eso, niños.


Alberto Fernández

martes, 10 de marzo de 2015

Modelos atómicos a gran escala

“El hombre es una breve aventura química sin sentido.”
Manuel Vicent.


Origen. ¿Qué somos? Átomos, moléculas, compuestos. Información codificada en cada una de las bases nitrogenadas de nuestro ADN. Una combinación entre un número limitado de letras determina nuestra existencia. Lo tangible de nuestra realidad, incluso aquello que somos incapaces de sentir, es química. Respiramos química. La química no sólo nace en laboratorios, nace en cada uno de nosotros.


Somos una especie de modelos atómicos a gran escala. Complejos sistemas que interactúan entre sí mediante reacciones electroquímicas. La sinapsis contribuye a la creación de una red neuronal que nos permite procesar cantidades ingentes de información en milésimas de segundo.

Sin embargo, en ocasiones, olvidamos la finitud inherente a nuestra condición como seres humanos, como especie efímera. A veces, algo cambia, un golpe brusco, una pequeña excitación o perturbación y la configuración de nuestros átomos sufre variaciones y, de repente, es como si volviésemos a recordar que estamos vivos, y por consiguiente, que nuestro tiempo es limitado.

¿Qué supone nuestra existencia como individuos? Somos diminutos granos de arena perdidos en el desierto del tiempo. Sólo somos instantes en los ejes del espacio y del tiempo.

Al final de nuestro propio horizonte, abandonamos este mundo a través de un proceso químico, nos convertimos en elementos, quizá en el polvo de los anhelos. Nos desvanecemos paulatinamente hasta desaparecer por completo, como humo que se disipa y juega a enredarse entre las nubes, y nos fundimos con ellas, para siempre, para morir, o quizá para volver a empezar y formar parte de un ciclo que nos recuerda la idea del eterno retorno de Nietzsche.

Andrea Arrieta